Aunque el esperado Festival del Caldo Santo de Loíza no se pudo celebrar en el Parque Histórico Cueva María de la Cruz este año por la cuarentena impuesta por el Covid-19, decenas de familias se prepararon debidamente para cumplir con esta centenaria tradición del Viernes Santo.

“Esta es una deliciosa creación a base de leche de coco, pescado y viandas. Hace dos años realizamos el primer Festival del Caldo Santo, el Domingo de Ramos del 2018. También lo celebramos el año pasado y si Dios quiere, lo repetiremos el año que viene. Ahora la prioridad número uno es mantenerse en casa y seguir las recomendaciones médicas contra la pandemia”, comentó la alcaldesa de Loíza, Julia Nazario Fuentes.

En el libro bilingüe titulada ‘Caldo Santo: Alimento y tradición de Loíza’, de Carmen Lydia “Yiya” Rivera Rodríguez, producido por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), se destaca que nuestras raíces africanas no solo vibran en el tambor, sino también en el sabor de nuestra comida. Sin duda, los cuatro siglos de esclavitud que imperaron en Puerto Rico dejaron su huella en la estructura social y económica y, por ende, en el estilo de vida y hábitos alimentarios.

En dicho libro de cocina, Doña Yiya nos comparte a través de anécdotas, recetas y consejos, cómo su vida, su herencia africana y su orgullo loiceño se reflejan en su modo de cocinar. La receta básica del Caldo Santo es la siguiente, aunque en ocasiones cada sector o cocinero omite o añade sus secretos, lo que sin duda crea unas variantes interesantes al paladar:

  • Hervir leche de coco en un caldero
  • Impartir color a la leche con las semillas de achiote
  • Agregar el sofrito
  • Añadir el pescado
  • Agregar las viandas, excepto la calabaza
  • Mezclar y añadir sal a su gusto
  • Cocer a fuego lento hasta que se ablanden las viandas
  • Añadir la calabaza y cocinar hasta que se ablande

Otro libro dedicado a la cocina loiceña es ‘El Burén de Lula: Cocina Artesanal’, de María Dolores de Jesús de Jesús, mejor conocida como Lula, residente del sector Jobos, en Medianía Baja. En el mismo se destaca que la cocina en el burén, una plancha de metal sobre brasas de leña, donde el calor se distribuye de manera uniforme, tiene su origen en la cocina taína, cuando se realizaba el mismo procedimiento con una pieza de barro cocido. La autora, Marinés Bengoa Duprey, destaca que la cocina artesanal  se encuentra ante el peligro de ser relegada por los avances que confunden el progreso con una borradura indebida de la tradición”.

De todas formas, la permanencia de las artesanías tradicionales se logra mediante la transferencia de conocimientos de una generación a otra, bien sea entre los miembros de una misma familia o entre vecinos y allegados.