Desde que el escultor y arquitecto Jaime Suárez comienza a intervenir y a contribuir estéticamente con el panorama puertorriqueño con monumentales obras —como es el caso de la más reciente: cinco columnas dedicadas a la poesía de Julia de Burgos, con las cuales experimenta con la caligrafía sobre cemento— su modem intelectual, moral, social, afectivo y espiritual entra inequívocamente a un ámbito de crecimiento humano.

“Falta observar la monumentalidad de esta obra compartida, iniciada por el arquitecto Nelson Rivera Rodríguez, de Loíza, y con la colaboración del artista y arquitecto Jocsan Rodríguez, de San Sebastián, muro sobre muro, mostrando habilidad y sensibilidad con el cemento, para establecer formas nuevas colaborativas y en conjunto, tratar nuevas maneras de trabajar al diseñar una pieza y hacerla única”, establece Suárez, reconocido por trabajos como el Tótem Telúrico, en la Plaza del Quinto Centenario del Viejo San Juan; Apóstrofe al verde, en Hato Rey, y el Paseo de Puerta de Tierra, en colaboración con el arquitecto Segundo Cardona, por mencionar solo algunos.

“Lo formidable de esta nueva propuesta fue crear en concreto momentos dedicados a un poema”, agregó el también escenógrafo del ballet A Julia de Burgos, en tonos azules y blancos, estrenado por Ballets de San Juan.

En el imaginario de este artista ‘sui generis’, no existe el tratar de conmemorar, sino evocar hacia una reflexión sobre un evento o persona. En un recorrido por las obras, el arquitecto Rivera Rodríguez, profesor en la Universidad Politécnica, en Hato Rey, como Suárez, ha señalado que el Paseo Julia de Burgos —contiguo al antiguo embarcadero del Ancón, entrando por la Calle Felipe García de la Noceda, frente a la Iglesia San Patricio y Espíritu Santo— provee un nuevo espacio al aire libre para las nuevas generaciones, justo en la embocadura del Río Grande de Loíza y el Océano Atlántico. La estratégica ubicación plantea un contraste entre los coloridos plásticos y naturales que se enfrentan.

Otro tema es El mar y tú, en tonos azules y blancos; Ay, Ay, Ay de la Grifa negra, llevada al cemento con las curvas de una mujer; y el Río Grande de Loíza, rojo barro, bajando por el piso. El último tema es un relieve en cemento con el retrato icónico de Julia que sujeta la palma de su mano a su rostro. Por ahí, Suárez se fue con su título, Yo misma fui mi ruta, y como ilustración, una especie de árbol, y con otro verso: “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese”.

“Es más complicado porque siempre he trabajado paredes y nada tridimensional. Las condiciones de trabajo para esta obra fueron bien fuertes al empezar el verano pasado y lo terminé el sábado antes de que empezara la cuarentena”, contó.

El renovado parque Julia de Burgos está en agenda para inaugurarse el 30 de junio, a las 5:00 p.m. en Loíza.